Shawn Marie Hardy

Podríamos afirmar, sin mentir demasiado, que somos lo que los demás esperan que seamos. Lo que los otros, (padres; profesores; jefes; parejas) esperan de nosotros, determina en gran medida nuestras actuaciones.  Hay que tener cuidado con lo que esperamos de los demás, sobre todo si no esperamos nada bueno,  porque es probable que  intenten  no defraudarnos. La clave es  estar muy atentos  a que nuestros mensajes no  se conviertan en una motivación negativa,  especialmente para los niños.

 El desarrollo del auto concepto y la autoestima está directamente ligado a las expectativas y creencias que nuestros padres tienen de nosotros  y funciona como la profecía auto cumplida. Lo que era una predicción se convierte al final en una  realidad.  Si damos por hecho que un niño  se va a portar mal, él seguramente  se inclinará más por este tipo de comportamiento.

Y eso es así no solo con los niños. He visto como también pasa  en las parejas. Cuando estás convencido de que tu pareja  va a ser infiel,  y te pasas la vida con  sospechas y reproches -en un principio –infundados,  finalmente éstos terminan convirtiéndose en una invitación.

Cuando en nuestra mente se forja una determinada creencia sobre la capacidad o las posibilidades, de nuestro hijo, (o de cualquier persona sobre la que tenemos influencia), lo transmitimos de una manera consciente o inconsciente,  a través de lo que decimos o dejamos de decir. Comunicamos lo que esperamos de ellos y esto es percibido de manera que, con toda probabilidad, acabarán adecuando su respuesta a lo esperado.

 “Deja que el plan para ti surja dentro de ti.” Fritz Perls

Hay un libro de la periodista Eva Millet -que me  gusta  ya desde el título-:“Hiperpaternidad: Del modelo mueble al modelo altar” que nos desvela las claves de  este nuevo fenómeno sobre la educación. “El modelo mueble” de crianza fue el que se siguió con  la mayoría de los niños de mi generación, especialmente con los que proveníamos de familias numerosas.  No se nos hacía  ni caso,  lo que yo tampoco defiendo. Estos “niños mueble” desarrollaban en ocasiones lo que se llama “indefensión aprendida”. Después de comprobar en varias ocasiones que no tenían ninguna posibilidad de cambiar su situación, ya no lo intentaban más. De ellos surgían adultos más sumisos y resignados, menos confiados en poder resolver las adversidades de la vida.

El “modelo altar”,  ahora más extendido en cambio, se caracteriza por la sobreprotección de los hijos, una atención excesiva y la perpetua supervisión. Los padres resuelven sistemáticamente los problemas de sus hijos,  y  además los estimulan precozmente para que lo hagan  todo lo antes posible. Como dice Millet: “Estamos criando niños con una visión muy hinchada de sí mismos. Estamos criando niños L’Oréal: “Porque yo lo valgo“. Esta exigencia además  puede crear tensión interna al niño y  generarle una sensación de fracaso por no estar a la altura de lo que se espera de él.

Pero la presión de las expectativas la sentimos toda la vida. Así  le sucedió Bojan Krkic  futbolista español de origen Serbio, al que algunos llamaban “el nuevo Messi”. El joven futbolista cuenta cómo las tremendas expectativas pudieron con él: “A los 17 años, mi vida cambió completamente. Fui al mundial sub-17 en julio y no me conocía nadie. Cuando volví, no podía caminar por la calle”. Debido a la presión a la que fue sometido, empezó a sufrir ataques de ansiedad  lo que le  llevó a rechazar jugar con la selección española.

¿Cómo podemos superar estas situaciones que en mayor o menor medida todos padecemos a veces? 

La solución parece que la tiene este directivo de Google, Mo Gawdat,  cuando afirma que el cerebro es un músculo que se puede entrenar para que los pensamientos positivos superen a los negativos. “Deshaciéndonos una por una de las expectativas que nos generamos a nosotros mismos. La infelicidad surge del desequilibrio de lo que esperamos de una faceta de nuestra vida y lo que pensamos que hemos alcanzado”. Gawdat hizo un experimento con gráfico incluido y encontró una ecuación que cambió su vida: la felicidad es igual o mayor a los acontecimientos de tu vida menos las expectativas de cómo debe ser. No son los acontecimientos la diferencia, sino la comparación con lo que quieras que sea tu vida. 

Pero para ello hace falta mucha disciplina: A mi cerebro sólo le permito que me dé pensamientos alegres o útiles”.  El 70% de nuestros pensamientos son negativos, autocríticos, pesimistas y temerosos,  esta es la forma que tiene nuestra mente de evitar las amenazas. Entonces hay que esforzarse  mucho para tener un pensamiento correcto.

Para Gawdatlos millennials lo tienen más difícil para alcanzar la felicidad porque hoy tienen demasiadas opciones, que crean demasiadas expectativas y esto, inevitablemente, generará frustración”. ¡Ay! Y qué será de los pobres niños altar…

4 comentarios en “SIN EXPECTATIVAS”

  1. Muy bueno Clara, aunque creo que no estoy de acuerdo. Creo que hay que tener expectativas, ambiciones, pero que en la medida de lo posible sean las que de verdad salen de tu interior y sean realistas. Si tu crees que para ser feliz debes hacer algo….. A muerte con ello, aunque te impida ser feliz hasta conseguirlo. Hay que ser auténticos con uno mismo. Solo es mi opinión

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