¡RESISTIRÉ ERGUIDO FRENTE A TODO!

¡RESISTIRÉ, ERGUIDO FRENTE A TODO¡

Así decía  aquella canción del dúo dinámico:”… Resistiré erguido frente a todo. Me volveré de hierro para endurecer la piel. Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte, soy como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie. Resistiré, para seguir viviendo. Soportaré los golpes y jamás me rendiré. Y aunque los sueños se me rompan en pedazos. Resistiré. Resistiré… “.

Este bien podría ser el himno de los estoicos, para los que aceptar con entereza y serenidad el destino que la naturaleza les deparaba, era la mayor de las virtudes y la más alta expresión de la sabiduría. De acuerdo con esta corriente filosófica es a través del  dominio de las pasiones – lo que llamaron apatía- como se consigue aceptar el destino. La finalidad de cualquier actuación no es el logro de la felicidad sino la práctica del bien  y es esta apatía o impasibilidad del alma  la única forma de “felicidad” a la que resulta legítimo aspirar

  RESILIENCIA

Yo no le encuentro ningún sentido, y mucho menos mérito, al verbo aguantar, soportar, o resistir.  No sacarle a la vida todas sus posibilidades y conformarse con situaciones o personas que no te aportan nada y te hacen desgraciado no es de ninguna manera una virtud. Para mí es lo contrario, demuestra un desprecio total hacia la vida. El otro día en una cena con unas amigas una le dijo a otra: “Me impresiona tu capacidad de resiliencia”. Lo que yo oí fue: “¡hay que ver hija que aguante tienes!”.

 

Solemos utilizar el término resiliencia para denominar la capacidad  de soportar las adversidades, o de tolerar las frustraciones. Aunque en realidad es algo más que eso.

Los primeros estudios sobre resiliencia se centraron en personas que habían vivido situaciones límite: campos de concentración, niños abandonados en las calles, etc. Desde luego la resiliencia es una gran cualidad para las situaciones límite como éstas, pero seguramente la mayoría de nosotros no tendremos que pasar por algo tan difícil como un campo de concentración o una guerra, y en vez de resistir “como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie”, es mucho mejor hacer lo posible por cambiar esa situación.  Rebelarse, no conformarse y pasar a la acción.

Victor Frankl, neurólogo y siquiatra austriaco fundador de la Logoterapia,  cuenta en su libro: ”El hombre en busca de sentido”, sus experiencias en varios campos de concentración nazis donde observó y estudió por qué unas personas resistían y otras no. Pudo percibir durante su cautiverio  cómo las personas que tenían esperanzas de reunirse con sus seres  queridos o que poseían proyectos, tenían más posibilidades de sobrevivir que los que habían perdido toda esperanza.

Esta que se hace Victor Frank aquí es la pregunta del millón. ¿Podemos cambiar la situación? En la gran mayoría de los casos sí, aunque  a veces nos parezca imposible.

Recordamos la Plegaria de la Serenidad,  del teólogo Reinhold Niebuhr que ya vimos en un post anterior:Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia”. Niebuhr llegó a esta conclusión  en  1934, la misma idea que tenían los estoicos unos dos mil años antes.

 Pero aguantar no tiene nada que ver con  aceptarse a uno mismo y  a los demás tal como son y  fluir con las cosas tal como vienen.  Aceptar no quiere decir resignarse. Tampoco significa reprimirse ni ser indiferente. Ni siquiera es sinónimo de tolerar o estar de acuerdo.

 AL MUNDO NO HAY QUE RESISTIRLE

Totalmente de acuerdo con  esto que  escribía Cortazar a su amigo Eduardo Jonquieres: “…Al mundo no hay que resistirle, lo que hay que hacer es elegir bien el mundo que uno prefiere y al cual que darse, y a ése, ah, a ése hay que darse a fondo, como cuando se nada o se duerme o se quiere”.

Es algo así como el título del  libro de Dr. Mario Alonso Puig: ”vivir es un asunto urgente”. La vida es un regalo al que hay que sacarle el máximo partido.

Y Cortazar introduce  otra gran cuestión: elegir bien. Puedes plantearte la vida como una carrera de obstáculos o cómo una gran aventura.  Nos pasamos la vida tomando decisiones,  y no siempre es fácil elegir la mejor. A veces nos equivocamos y otros  acertamos.  Sea cual sea lo que elijamos, esta será una situación que nos servirá para aprender, reflexionar, y descubrir cuáles son nuestros errores. De esta forma, para la próxima ocasión, será más sencillo tomar la decisión correcta y nos daremos cuenta que somos nosotros mismos los que llevamos las riendas de nuestra vida y no al revés. 

En realidad la resiliencia tiene  que ver con la capacidad de elegir. La diferencia entre una persona que sabe superar sus problemas y enfrentarse a las adversidades de la vida y una persona que no logra esa superación,  es que la primera es una persona que decide, que elige ser una cosa u otra, a pesar de las condiciones que le toque vivir. Eso es la resiliencia y no la capacidad de aguantar.

Equivocarnos nos ayudará a acertar la próxima vez y eso es porque nos ayuda a conocernos mejor. La cuestión básica para elegir bien,  es conocerse bien. El autoconocimiento implica saber cuáles son tus prioridades, qué es lo que más te importa en la vida. Creemos que vivimos de acuerdo a nuestros valores y a veces vivimos con un sistema de creencias aprendido de otros. Esa es al fin y al cabo la tarea que nos  lleva toda la vida. El apasionante proceso de vivir consiste en descubrir  quiénes somos.  Sin resignarse, sin conformarse.  En palabras de  Hermann Hesse: “La verdadera profesión del ser humano es encontrar el camino hacia sí mismo” 

2 opiniones en “¡RESISTIRÉ ERGUIDO FRENTE A TODO!”

  1. No es fácil para mi , el concepto este de resiliencia..
    Finalmente creo q va más hacia la actitud con la que afrontas frustraciones o situaciones que no se pueden cambiar, no??

    1. Eso creo yo, Inma. Tu puedes elegir como reaccionas ante las adversidades, eso marca la diferencia, porque tu eliges, ya no eres una víctima que no puede hacer nada más que resignarse. Lo que puedes hacer va desde cambiar la situación, hasta aceptarla con una actitud creativa. Un abrazo.

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