Lizzie Gill & Ciara Rafferty

Fue Gandhi  quien convenció al mundo del valor de la paciencia, y no hay duda que el que pierde la paciencia pierde la batalla.  O como decía el poeta Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya.  Por eso como propósito de año nuevo  tengo en mi lista desarrollar mi escasísima paciencia.  Y no me refiero a la paciencia como la gran virtud que te ayuda a soportar desgracias sin derrumbarte o  a perseverar hasta  alcanzar tus metas.  Yo hablo de la paciencia con minúsculas, esa que te permite esperar tu turno sin querer asesinar al de delante o salir del avión sin que parezca un aterrizaje de emergencia.

Yo siento casi fobia a esperar en una cola. Tampoco ando muy equivocada porque la raíz latina de la palabra paciencia, pati, significa sufrir. Y es justamente lo que yo hago. Sufro cada vez que tengo que esperar mi turno,  aguantar un atasco, o perseguir al camarero en un restaurante abarrotado. Y en tantas y tantas ocasiones en las que  tengo  la posibilidad de  aceptar la vida como viene o intentar acelerarla a base de altas dosis de ansiedad, enfado y quejas.

La mayoría de las veces detrás de esa prisa no está la  necesidad  real de llegar antes por un asunto urgente. Esa prisa es una actitud reactiva e inconsciente  a cualquier momento en el que nos hagan esperar. Esa prisa es más arrogancia que prisa. Creo que  el  problema  que hay detrás de los impacientes crónicos  es la  falta de humildad para aceptar las cosas como son, para aceptar que es otro el que tiene el poder sobre nosotros… sobre nuestro preciado tiempo. Eso es, soportar la impotencia de que nada se puede hacer, y en la mayoría de los casos si hacemos algo, (que lo hacemos), no mejoramos mucho la situación, más bien la empeoramos. Sobre todo para nuestros sufridos acompañantes… En caso de que todavía nos quede alguno.

Los impacientes estamos más en el “después”  que en el “ahora”, y cuando llega el “después”,  pasamos al siguiente. Lo que supone una manera muy tonta de desperdiciar la vida. Por eso la cura está en aceptar el momento presente, adaptarse a lo que sucede, fluir, dejarse llevar… todo eso que a los impacientes se nos da tan mal.  También puedes recibir ese momento como una oportunidad en vez de como un fastidio y si ya sabes que eres de los que lleva mal las esperas, déjate tareas pendientes para hacer en estos casos, o simplemente medita.

La Universidad Nacional de Singapur y las de Berkeley y Pensilvania han publicado un estudio  en el que concluyen  que las personas impacientes envejecen más rápidamente debido a que sus Telómeros (extremos de los cromosomas del ADN)  son más cortos que los de las personas serenas.  Estas estructuras están asociadas a la longevidad,  y los científicos creen que cuanto más rápido desaparecen antes envejecemos. Y no me extraña nada, con tanta prisa seguro que llegamos antes al final.

6 comentarios en “PERDER LA PACIENCIA ES PERDER LA BATALLA”

  1. Clara, muchas gracias por tus sabias reflexiones. Es cierto, estamos inmersos en un mundo en el que la rapidez está sobrevalorada. Para luchar contra ello tengo un lema, desde hace más de una década, este es: LA VELOCIDAD NOS DETIENE.
    Además, lo de los telómeros, es definitivo para proponerse ir con algo mas de calma por la vida…
    Gracias.

  2. Muy buena reflexión Clara. Hace tiempo que intento aplicar mecanismos de defensa de cara a mi impaciencia en las esperas: leer, aplicaciones del móvil, corregir… pero tu consejo de meditar no se me había ocurrido.
    A partir de ahora lo pondré en práctica. ¡ Gracias!

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