¿Qué parte del “no” no has entendido?

¿QUÉ PARTE DEL “NO” NO HAS ENTENDIDO?

Entender lo que significa un “no” no es fácil. Y eso  sucede tanto a la hora de darlo como de recibirlo.

EL NO YA LO TIENES

 Una de las mentiras más gordas con las que me he topado en la vida es  esa de: ”por preguntar no pierdes nada,  el no ya lo tienes”. Cuando dudamos ante la idea de pedir algo difícil, siempre hay alguien dispuesto a aconsejarte: ”por preguntar no pierdes nada,  el no ya lo tienes”.  Pero de eso nada: el “no” no lo tienes hasta que no te lo echan encima y cargas con él. Y ese “no”, tan cortito, tan ligero… pesa y hay que saberlo llevar.   ¿Y por qué pesa? Porque recibimos  el rechazo como propio, como personal.  Asumimos que esa negativa no va dirigida  a nuestra  propuesta, sino que la  interpretamos como una  desaprobación a toda nuestra persona. Lo que nosotros valemos no tiene nada que ver con lo que otra persona hace o dice respecto de nuestras propuestas.

¿Y si la propuesta somos nosotros mismos? Todos conocemos a alguien que tiene  mucho  éxito  a la ahora de ligar aunque nosotros  no  terminamos de entender dónde reside su encanto. No vemos nada especial en esas personas porque no son ni  muy guapas, ni  muy simpáticas, ni muy  listas,   y sin embargo  ¡no hay  objetivo que se les resista!  Yo  tengo claro donde reside su irresistible  atractivo: no tienen miedo al rechazo y lo intentan  tantas veces  como  haga falta. Estas personas saben que el problema no lo tienen ellos, la cuestión no es asunto suyo, sino de la otra persona. Ellos siguen siendo  la misma persona, con aprobación o rechazo, no ha cambiado nada. Y así es. Una de las  frases  que  mejor me ayudó a entender esto fue:

 “Lo que tú  piensas de mí  no soy yo, eres tu pensando”·

No me están rechazando a mí  porque yo sea  espantoso, sino porque a esa persona (y no a  todo el mundo), y en ese momento (y no  siempre), no le interesa lo que le estoy proponiendo, aunque la propuesta sea yo mismo. Y eso es mucho más fácil de asumir. Esto ya no pesa tanto, ¿verdad?

 Y esto es así en todos los órdenes de nuestra vida. Ahora se intenta evitar a toda costa la palabra “fracaso”. Podemos encontrar en internet todo tipo de frases que eufemísticamente llaman al fracaso de otra manera. Una de las más conocidas es esa que se atribuye a  Edison: “no fracasé, solo descubrí 999 maneras de como no hacer una bombilla”.  ¿Bastante  rebuscado no? El fracaso se define como  un resultado adverso. ¿Y qué? ¿Cuál es el problema? Simplemente: para tener éxito hay que intentarlo muchas veces. Asúmelo. Las cosas se  consiguen con esfuerzo: así es la vida. 

Cuando  no tenemos miedo a volverlo a intentar, tenemos muchas más probabilidades de éxito, porque casi nadie consigue nada  a la primera.  Y ahí va  otra  gran verdad: “el que la sigue la consigue”. La perseverancia es la madre de todos los éxitos. Y así nacen muchos talentos.  Repetir y repetir. Por eso lo mejor es dedicarse en la vida a algo que te guste, porque cuanto más lo hagas, mejor lo harás.(Aunque todo tiene un límite, claro. Es recomendable evitar darse cabezazos contra un muro.)

DECIR QUE NO SIN SENTIRSE CULPABLE.

Y luego está la otra parte del “no”: cuando lo dices tú… O no lo dices, pero te gustaría.

Cuando yo era pequeña la ofensa más grave que podías proferir contra alguien era llamarle “egoísta”.  Ser egoísta era un pecado gordísimo. Por eso cuando ya de adulta leí el libro del Dr. Herrero: ”Creencias que sanan, creencias que dañan”  desde donde  nos animaba a ser egoístas, tuve que frotarme los ojos y leerlo un par de veces.

 Así lo definen Richard y Rachael Heller: “ el egoísmo sano consiste en respetar las propias necesidades y sentimientos aunque los demás no lo hagan. Sobre todo si los demás no lo hacen”. Más claro, agua. Y no sentirse por ello culpable, añadiría yo.

 

Todavía hay gente que cree  que pensar en  uno mismo primero es  una auténtica bajeza,  que cuidar de  los propios intereses es la peor de las ruindades. Cuando  quererse a uno mismo es, desde luego, el mejor regalo que podemos  hacerle a los demás, y no puede ser de otra manera.  Una persona que se quiere y se ocupa de sí misma,  tiene mucho más espacio para querer a los demás. Recuerden: “…en caso de despresurización de la cabina coloque primero su máscara y luego la de su acompañante…”.  

Como  muy bien explica el sicólogo  Luis Muiño en su artículo: “¿yo, me, mí, conmigo?  sobre la   “generación del yo” : “Los rasgos psicológicos asociados a los ególatras pueden conducirlos, paradójicamente, a conductas  más altruistas”. 

Así que si eres de los que te cuesta decir que no, y siempre acabas haciendo lo que te piden los demás aunque no te apetezca, olvídate de que eres mala persona, y empieza a practicar. Conviene empezar por lo facilito.  Al jefe y la suegra los dejaremos para cuando seamos Master en asertividad. Al principio  mejor buscarse alguna muletilla tipo “déjame que lo piense” antes de decir inmediatamente que no, y eso  ya será un paso. Y poco a poco llegaremos al NO, tal cual, sin justificaciones ni excusas.  Porque  “ no”  ya es una frase completa.

 

7 opiniones en “¿Qué parte del “no” no has entendido?”

  1. Me ha gustado mucho esta reflexion.. El ” no” recibido , nunca me ha hecho demasiado daño, pero sin embargo, el ” no” expresado..lo practico muy poco..
    Me encanta esa idea q propones.. ” deja q te conteste mas tarde”…
    Voy a empezar por ahi!!!!

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