LA LEY DEL MÍNIMO ESFUERZO

LA LEY DEL MÍNIMO ESFUERZO

Hace años que leí “Las 7 leyes espirituales del éxito”– magnífico libro del médico hindú Deepack  Chopra– y aún lo tengo presente. En ese momento me parecieron grandes leyes encaminadas a sacar lo mejor de uno mismo y conseguir, por tanto, triunfar en la vida. Todas menos una: “la ley del mínimo esfuerzo”. Conseguir éxito en la vida con el mínimo esfuerzo me pareció como poco una provocación, y desde luego un desatino. Con el tiempo, en cambio, he entendido que es imprescindible practicar esta ley si  realmente quieres tener una vida plena.

Estas leyes son 7 principios poderosos que nos permiten alcanzar el dominio sobre nosotros mismos: no juzgar, practicar la entrega, ser conscientes de que cosechamos lo que sembramos, y de que cualquier cosa sobre la que dirijamos nuestra atención cobrará fuerza en nuestra vida. Nos invitan también a desapegarnos del resultado y nos recuerdan que cada uno tiene un talento singular. Y además, nos animan a la acción mínima, a la no resistencia: LA LEY DEL MÍNIMO ESFUERZO.

“CUANDO IMPONEMOS SOLUCIONES FORZADAS A LOS PROBLEMAS NO HACEMOS MAS QUE CREAR NUEVOS PROBLEMAS”

Seguro que a muchos de vosotros –como a mí- os dieron en vuestra juventud este consejo: “puedes hacer lo que quieras, pero tienes que ser el mejor en lo que hagas”… y añadían:” aunque sea fabricando tornillos”. Se nos presentaba un panorama aterrador: para hacer algo tenías que hacerlo mejor que todos los demás. El resultado era que uno se atrevía a hacer muy pocas cosas, ni siquiera tornillos (que debe de ser bastante complicado, por cierto).

Yo soy partidaria de hacer lo que a uno le apetezca. Aunque no lo hagas bien, ¡hazlo!, disfrútalo y aprende. Pues esta es ni más ni menos que la ley del mínimo esfuerzo de Chopra que tanto me costó entender. Y no me refiero solo al ámbito profesional. En cualquier orden de nuestra vida hay que hacer cosas, sin esperar a hacerlas bien para atreverse a hacerlas.

Esta ley se basa en que la naturaleza funciona con una facilidad libre de esfuerzos. El principio de la armonía y el amor. Si observamos a la naturaleza en acción vemos que gasta el mínimo esfuerzo: la hierba no se esfuerza por crecer, simplemente crece. El acebo, por ejemplo, es un árbol pequeño cuyas hojas más cercanas al suelo son espinosas -y así evitan ser comidas por los herbívoros que anden por la zona-, pero las de la copa, donde los animales no llegan, son lisas.

¿Cómo saber cuándo conviene salir de la zona de confort o quedarse acurrucadito en lo conocido? Yo creo que es positivo salir de la zona de confort…¡pero no a rastras! Como  dice la “Plegaria de la Serenidad” del teólogo Reinhold Niebuhr: “Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia”.

 Nos perdemos demasiadas cosas en la vida por el miedo a lo desconocido, pero tampoco es necesario echarse pulsos a uno mismo, y cada uno sabe cuándo está forzando demasiado la situación. Tu vida no debe ser una constante carrera de obstáculos. Cuando de forma reiterada encuentras en tu vida resistencias y agobios, es que  te estás equivocando.

La ley del mínimo esfuerzo la experimentamos todos cuando hacemos algo que, aunque requiere trabajo y concentración, eso  no se traduce en un esfuerzo agotador, sino que estamos inmersos de tal manera en esa actividad que ni siquiera somos conscientes del paso del tiempo. Estamos disfrutando de lo que hacemos  sin preocuparnos por el resultado. Solo hay presente y fluyes con él.

Muchas empresas hoy día, las “happy companies”, han entendido que trabajar no tiene por qué ser un castigo divino y un empleado feliz es, al final, mucho más rentable.

Deepack Chopra nos ofrece tres herramientas para poner en práctica la ley del mínimo esfuerzo: Aceptación, responsabilidad e indefensión.

Lo primero que podemos hacer para  poner en práctica este principio es aceptar las cosas como son: este momento es tal como debe ser. Porque todo el universo es tal como debe ser. La aceptación no es resignación. Podemos desear que las cosas sean diferentes en el futuro, y hacer algo para  cambiarlas, pero en el presente, en este momento, las cosas son tal como son. Además, lo que parece ahora una desgracia puede que más adelante se revele como un triunfo.

Este antiguo cuento nos lo explica muy bien.

 

“Un granjero vivía en una pequeña y pobre aldea. Sus vecinos le consideraban afortunado porque tenía un caballo con el que podía arar su campo. Un día el caballo se escapó a las montañas. Al enterarse los vecinos acudieron a consolar al granjero por su pérdida. “Qué mala suerte”, le decían. El granjero les respondía: “mala suerte, buena suerte, quién sabe”.

Unos días más tarde el caballo regresó trayendo consigo varios caballos salvajes. Los vecinos fueron a casa del granjero, esta vez a felicitarle por su buena suerte. “Buena suerte, mala suerte, quién sabe”, contestó el granjero.

El hijo del granjero intentó domar a uno de los caballos salvajes pero se cayó y se rompió una pierna. Otra vez, los vecinos se lamentaban de la mala suerte del granjero y otra vez el anciano granjero les contestó: “Buena suerte, mala suerte, quién sabe”.

Días más tarde aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejército. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Los aldeanos, ¡cómo no!, comentaban la buena suerte del granjero y cómo no, el granjero les dijo: “Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?”.

La segunda herramienta que nos ofrece Chopra es la responsabilidad. Cuando nos sentimos alterados o frustrados por una persona o una situación, recordemos que no estamos reaccionando ante la persona o la situación sino ante los sentimientos que albergamos ante esa persona o situación. Son nuestros sentimientos, y nuestros sentimientos no son culpa de otra persona. Cuando entendemos esto podemos hacernos responsables de cómo nos sentimos, y por tanto, cambiarlo.

NO DEBEMOS ECHAR LA CULPA DE NUESTRA SITUACIÓN A NADA NI A NADIE ¡y aquí viene lo bueno! : ¡NI SIQUIERA A NOSOTROS MISMOS!

Una cosa es ser responsable y otra culpable. La culpa pesa y entorpece tú avance, la responsabilidad invita a la acción. Esto nos ayudará a tener una respuesta creativa a la situación tal como es ahora. La realidad es una interpretación. Todas las situaciones supuestamente preocupantes pueden convertirse en una oportunidad de creación de algo nuevo y todo tirano puede ser un maestro.

Y por último -¡el más difícil todavía! – la tercera herramienta: la indefensión. Renunciar a la NECESIDAD de persuadir o convencer de nuestro punto de vista, lo que nos ahorrará mucha energía.

” (…) la mayor parte de nuestra energía la dedicamos a defender nuestra importancia (…)”

 Como aquel chiste que todo el mundo conoce:

Qué bien  te veo Julio, ¿cómo lo haces?

– Es porque nunca discuto.

-¡Hombre, por eso no será!

-Pues no será por eso…

La combinación delicada de estos tres principios contribuirá a que nuestra vida fluya libre de esfuerzos. La ley del mínimo esfuerzo es una invitación a dejar de luchar contigo mismo. Es el camino de la mínima resistencia interna y la armonía con uno mismo.

 

10 opiniones en “LA LEY DEL MÍNIMO ESFUERZO”

  1. Sin palabras, muy bien escrito, tan sencillo que se entiende a la primera, además con cuentos para entenderlo mejor. Gracias Clara por tus escritos. Un abrazo

      1. Me encanta la reflexión, Clara.
        Una aportación por mi parte. Sugiero el libro: “Correr y meditar: Enseñanzas para entrenar el cuerpo y la mente”, de Sakyong Mipham, un alto lama del budismo tibetano que corre maratones. Desarrolla esta ley aplicada a la actividad deportiva de correr. La idea es, fundamentalmente, cómo convertir el acto de correr en una forma de meditación. Muuuuy interesante.
        Hay muchos conceptos que merecen la pena en el libro pero, relacionado con esta ley, extraigo una frase textual: “Con agresividad puedes lograr algunas cosas, pero con delicadeza puedes conseguirlo todo. (…) Es como el agua: acaba alcanzado su destino”. Y propone alejarse de conceptos como la “agresividad” en la consecución de un objetivo y acercarse a otros como “determinación”, para que, identificado el objetivo final, se alcance con suavidad y delicadeza (o no se alcance….).

  2. Y puestos a comunicarlo, me suena bastante negativa la expresión “mínimo esfuerzo”. Me gustaría más algo así como “serena determinación” o “armonía en la solución” o algo parecido.
    Gracias y beso!

    1. Desde luego, Almu, los términos que has escogido se acercan más a lo que propone Deepack Chopra. “Mínimo esfuerzo” suena a estar tirado en un sillón, por eso tardé en entenderlo… Lo que a veces tampoco está mal. Gracias.

  3. Es muy interesante ver escrito y muy bien escrito lo que he pensado siempre, mejor dicho lo he hecho siempre porque nunca me dio tiempo a pensar en fracasar. La ingenuidad , el atrevimiento y la impulsividad son los antídotos para practicar lo que dices. El problema surge después. ¿Que hacer con todas esas cosas que has hecho y que no sirven para nada salvo para vivir en ese momento una ilusión ?

    1. ¿Y te parece poco vivir la ilusión del momento? Eso es auténtica nutrición para el espíritu. Y si quieres buscarle la aplicación práctica: todo lo que se manifiesta fuera como éxito viene por fuerza de un interior bien alimentado. Muchas gracias por tu comentario. Y enhorabuena de nuevo Salama porque tienes una naturaleza positiva y entusiasta de manera espontánea.

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