COMER CON LOS OJOS

COMER CON LOS OJOS

4 PRINCIPIOS BÁSICOS  PARA  COMER ATENTOS

 

 Una de las frases que más repetía mi madre cuando éramos niños era: “¡Es que coméis con los ojos! Mi madre se quejaba  cuando dejábamos la comida en el plato porque para ella eso era  una muestra de mala educación. Siempre pensé que eran ocurrencias de mi madre, ¿cómo  vamos a comer  por los ojos? Y   ahora me entero que sí se puede comer con los ojos,  es lo que  la pediatra y profesora de meditación   Jan Chozen Bays , llama  “ hambre visual” en su libro: COMER ATENTOS donde  explica  cómo  mejorar  la  relación  con algo tan  importante como  nuestra alimentación,  determinará   sin lugar a dudas la calidad de nuestra vida.

De pequeños, sobre todo en el colegio,   también era habitual despertar nuestra culpabilidad al recordarnos que mientras nosotros  dejábamos comida en el plato  había niños que se morían de hambre  al otro lado del planeta. (Sentimiento que  hoy  todavía  arrastro).  Pero la razón más poderosa solía ser el “reventar antes que sobre”, pero el plato había que terminárselo, siempre  atendiendo a cuestiones  ajenas a nuestras ganas de comer.  Estas instrucciones nos  animaban  a  ignorar las señales de nuestro  estómago y  era el  plato vacío el que decidía si habíamos comido suficiente y cuando debíamos parar de comer.  

Como explica Bays, a lo largo de nuestra vida vamos desarrollando hábitos y pautas alimentarias que crean un comportamiento condicionado. La mayoría son inofensivas y acaban desapareciendo , pero algunas pautas reactivas sin embargo están profundamente implantadas, permanecen ocultas y nos constriñen. Al igual que en los experimentos de Paulov con perros donde  la comida se asocia con una campanilla, cada uno de nosotros tenemos una asociación inconsciente con la comida que  viene desde  la infancia.

Pasar del modo automático al modo consciente a la hora de comer  nos hará mejorar nuestra relación con la comida.

¿Cómo detectar que una vieja pauta de hábito condicionado esta activada? La doctora Bays nos propone hacerlo a través del MINDFULNESS :  comer con atención. Los hábitos ocultos son inalterables mientras permanecen ocultos, pero  en cuanto les ilumina el foco de la consciencia  podemos cambiarlos,  y  es cuando empiezan a perder su poder sobre nosotros. Al hacernos conscientes de ellos creamos una brecha entre el pensamiento y la acción que normalmente le sigue, y de esta manera detenemos el comportamiento automático.

El Mindfulness hunde sus raíces en la comprensión de que cuando ignoramos lo que vemos, tocamos o comemos, es como si no existiese.  Si comemos mientras vemos la televisión, distraídos y sin realmente saborear los alimentos, los digerimos sin darnos cuenta,  y así  seguiremos sintiéndonos hambrientos e insatisfechos. Cuando se traslada Mindfulness al comer, se abre ante nosotros un mundo de descubrimientos y deleite. ¡Una vez más la ATENCIÓN viene a nuestro rescate!

4 PRINCIPIOS BÁSCIOS QUE NOS AYUDARÁN A COMER ATENTOS Y A DECIDIR QUÉ COMO Y CUÁNDO LO COMO

Para ello Jan Chozen Bays nos da unas sencillas pautas, no nos asegura que   vayamos a  adelgazar o a engordar pero  sí    aumentará  nuestra  satisfacción a la hora de comer.

1.NO PASA NADA POR SENTIRSE VACÍO. En primer lugar debemos perder  el miedo  a  “tener hambre”, a sentirnos vacíos.  ¿Por qué cuando tenemos sensaciones de vacío intentamos ponerles fin rápidamente? La sensación de vacío en el estómago es un sensación  algo incomoda- si lo calificamos así-  pero ni molesta como un picor, ni mucho menos dolorosa. La pregunta que nos hace  Jan es ¿Estás dispuesto a estar vacío?: Porque tanto si te gusta como si no  “somos vacío”. Yo comparto una manía  con la doctora Jan, y es que siempre que viajo, aunque sea dentro del territorio nacional, llevo en el bolso una barrita de cereales o una fruta, por si me pilla el apocalipsis y desaparecen tiendas y bares  no morir de hambre. Eso es miedo a tener hambre.

Debemos de dar al estómago y al resto de los órganos digestivos un descanso. “Creemos que nuestro valor en la vida, incluso nuestra supervivencia depende de ser productivos, de producir pensamientos”…  de tener mente y cuerpo llenos. A veces confundimos la ansiedad con el gruñido del estómago  vacío, y comiendo no desaparece, estar atentos nos hará comprender qué nos pasa. La idea de que el estómago avisa cuando tenemos hambre no es correcta. Somos nosotros los que les decimos al estómago cuando tener hambre. Eso se produce a través de nuestros hábitos alimentarios. Cuando consumimos tres comidas al día en horarios regulares el estómago se condiciona a esperar comida en esos momentos.

2.IR MÁS DESPACIO- DEJEMOS DE COMER COMO SI FUERA UN TRÁMITE. Podemos ir más despacio si masticamos más, y de esta manera además  nuestra boca disfruta con las diferentes texturas, siente que ha comido algo cuando participa activamente, no solo tragando.  Aportamos más saliva, lo que es importante a la hora de obtener nutrientes, y dejamos trascurrir   los 20 minutos necesarios para que se complete el proceso de retroinformación y nos llegue  el mensaje  de ya estamos llenos. Normalmente solo hacemos caso al primer bocado y al segundo, y enseguida pasamos a  la conversación  y no nos enteramos que nos hemos terminado el plato.

También podemos hacer una pausa antes de empezar a comer y  dar las gracias por los alimentos  a todas las personas que han intervenido en el proceso hasta que han llegado a mi mesa. Soltar el tenedor o la cuchara  y dejarlos sobre el plato, cada vez que llevemos un bocado a la boca; comer con la mano no dominante; o cortar la comida en pedacitos, son otros trucos que nos  ayudarán  a comer despacio hasta que consigamos que sea una costumbre.

3. CANTIDAD ADECUADA. Los maestros Zen dicen que la cantidad adecuada es cuando nos  sentimos llenos en 2/3 partes, lo que se llama en japonés el “hara no hachi bu”.  Así lo practican  los habitantes de Okinawa, el pueblo más longevo del planeta  según cuentan en su libro:“Ikigai”,  Héctor García y  Francesc Miralles.

La cantidad adecuada es la que cumple con la  ecuación energética.  Cuando  la entrada de energía a través de los alientos  es igual a  la que sale a través del esfuerzo de mantenernos calientes y movernos.

 El cuerpo tiene su propia sabiduría y puede decirnos mucho de lo que necesita si somos capaces de escuchar.  Es lo que se llama “hambre celular”,  la llamada de las células a través de diversos síntomas pidiendo ciertos nutrientes. Lo que todos hemos experimentado alguna vez, sobre todo cuando  estamos  deshidratados después de sudar y las células nos piden agua.

4. DE QUÉ TENGO HAMBRE- QUIEN ES EL QUE ESTÁ HAMBRIENTO. Otro de los recuerdos de  mi infancia con respecto a la comida es que durante los primeros  años de colegio debíamos  comer en silencio.  Entonces aquello me parecía horrible,  pero hoy no lo veo así.  Comer o cenar  fuera de casa   es  muchas veces una experiencia,  sino estresante,  desde luego poco  relajante, por el  altísimo nivel  de contaminación acústica que existe en bares y restaurantes  en nuestro país. 

 Comer atentos incluye todos los sentidos y nos permite averiguar de qué tengo hambre. Nos sumerge en los colores, texturas, aromas, sabores e incluso en los sonidos de comer y beber.

 Además del “hambre visual“,  la comida que apetece con la vista porque es atractiva no porque tengamos hambre,  también está el” hambre olfativa”. Lo que llamamos sabor o gusto es sobre todo el olor de la comida. Por eso cuando estamos constipados la comida no sabe a nada. Según La doctora Jan oler una trufa de chocolate y disfrutar de su aroma es casi tan bueno como comérsela …

Algunas experiencias de hambre no son de hambre de comida, pero cuando las sentimos tratamos erróneamente de aliviarlas comiendo. “Con mindfulness podemos empezar a desenredar y separar  esas distintas experiencias de hambre y  solo entonces podremos responder a cada una  de ellas de manera apropiada e íntegra”.

Cuca Azinovic, experta en mindfulness, especializada en  alimentación consciente ayuda a muchas personas   a re-establecer una relación saludable con la comida. http://bienestarconsciente.es/

 Hay alimentos que evocan emociones. Muchas personas cuando se sienten solas o tristes no son  conscientes de que comen en un intento de llenar no el estómago sino el corazón, y normalmente  esto hace que comamos en exceso. Esa comida nunca llenará ese vacío,  ni calmará el dolor en el corazón. Alimentamos el corazón cuando ponemos atención al prepararnos una comida, cuando nos tratamos como si fuéramos un invitado.

En los países desarrollados  existe un  grave  problema  de relaciones desordenadas con los alimentos y la alimentación.  Se hace urgente la necesidad de un tratamiento y una orientación  sobre este tema. La mayoría de libros y técnicas destinados a cambiar nuestra manera de comer intentan imponer cambios desde el exterior,  mindfulness provoca cambios desde el interior, donde está la solución.

6 opiniones en “COMER CON LOS OJOS”

  1. Muy interesante. Creo que para mi toda la vida la comida ha sido mucho más que eso, ha sido una válvula de escape, o buscaba una satisfacción que no era propia de la comida. Por eso este artículo y ese libro ayudan a mejorar la relación que hay que tener con la comida. Gracias, muy recomendable.

  2. A mi también me ha servido todo esto q nos cuentas y además voy a poner en práctica lo de comer con la mano izquierda o dejar los cubiertos en el plato entre bocado y bocado!!!
    A mi mi madre .. Siempre me decía: ” Inma, nadie te va a quitar tu comida del plato””jajajaaaa

    1. Qué bueno Inma, todos tenemos recuerdos asociados a la comida, la hora de comer era un momento importante. Lo de comer con la mano izquierda además nos ayuda a que no se nos atrofie. Un beso.

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