¡RESISTIRÉ ERGUIDO FRENTE A TODO!

¡RESISTIRÉ, ERGUIDO FRENTE A TODO¡

Así decía  aquella canción del dúo dinámico:”… Resistiré erguido frente a todo. Me volveré de hierro para endurecer la piel. Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte, soy como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie. Resistiré, para seguir viviendo. Soportaré los golpes y jamás me rendiré. Y aunque los sueños se me rompan en pedazos. Resistiré. Resistiré… “.

Este bien podría ser el himno de los estoicos, para los que aceptar con entereza y serenidad el destino que la naturaleza les deparaba, era la mayor de las virtudes y la más alta expresión de la sabiduría. De acuerdo con esta corriente filosófica es a través del  dominio de las pasiones – lo que llamaron apatía- como se consigue aceptar el destino. La finalidad de cualquier actuación no es el logro de la felicidad sino la práctica del bien  y es esta apatía o impasibilidad del alma  la única forma de “felicidad” a la que resulta legítimo aspirar

  RESILIENCIA

Yo no le encuentro ningún sentido, y mucho menos mérito, al verbo aguantar, soportar, o resistir.  No sacarle a la vida todas sus posibilidades y conformarse con situaciones o personas que no te aportan nada y te hacen desgraciado no es de ninguna manera una virtud. Para mí es lo contrario, demuestra un desprecio total hacia la vida. El otro día en una cena con unas amigas una le dijo a otra: “Me impresiona tu capacidad de resiliencia”. Lo que yo oí fue: “¡hay que ver hija que aguante tienes!”.

 

Solemos utilizar el término resiliencia para denominar la capacidad  de soportar las adversidades, o de tolerar las frustraciones. Aunque en realidad es algo más que eso.

Los primeros estudios sobre resiliencia se centraron en personas que habían vivido situaciones límite: campos de concentración, niños abandonados en las calles, etc. Desde luego la resiliencia es una gran cualidad para las situaciones límite como éstas, pero seguramente la mayoría de nosotros no tendremos que pasar por algo tan difícil como un campo de concentración o una guerra, y en vez de resistir “como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie”, es mucho mejor hacer lo posible por cambiar esa situación.  Rebelarse, no conformarse y pasar a la acción.

Victor Frankl, neurólogo y siquiatra austriaco fundador de la Logoterapia,  cuenta en su libro: ”El hombre en busca de sentido”, sus experiencias en varios campos de concentración nazis donde observó y estudió por qué unas personas resistían y otras no. Pudo percibir durante su cautiverio  cómo las personas que tenían esperanzas de reunirse con sus seres  queridos o que poseían proyectos, tenían más posibilidades de sobrevivir que los que habían perdido toda esperanza.

Esta que se hace Victor Frank aquí es la pregunta del millón. ¿Podemos cambiar la situación? En la gran mayoría de los casos sí, aunque  a veces nos parezca imposible.

Recordamos la Plegaria de la Serenidad,  del teólogo Reinhold Niebuhr que ya vimos en un post anterior:Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia”. Niebuhr llegó a esta conclusión  en  1934, la misma idea que tenían los estoicos unos dos mil años antes.

 Pero aguantar no tiene nada que ver con  aceptarse a uno mismo y  a los demás tal como son y  fluir con las cosas tal como vienen.  Aceptar no quiere decir resignarse. Tampoco significa reprimirse ni ser indiferente. Ni siquiera es sinónimo de tolerar o estar de acuerdo.

 AL MUNDO NO HAY QUE RESISTIRLE

Totalmente de acuerdo con  esto que  escribía Cortazar a su amigo Eduardo Jonquieres: “…Al mundo no hay que resistirle, lo que hay que hacer es elegir bien el mundo que uno prefiere y al cual que darse, y a ése, ah, a ése hay que darse a fondo, como cuando se nada o se duerme o se quiere”.

Es algo así como el título del  libro de Dr. Mario Alonso Puig: ”vivir es un asunto urgente”. La vida es un regalo al que hay que sacarle el máximo partido.

Y Cortazar introduce  otra gran cuestión: elegir bien. Puedes plantearte la vida como una carrera de obstáculos o cómo una gran aventura.  Nos pasamos la vida tomando decisiones,  y no siempre es fácil elegir la mejor. A veces nos equivocamos y otros  acertamos.  Sea cual sea lo que elijamos, esta será una situación que nos servirá para aprender, reflexionar, y descubrir cuáles son nuestros errores. De esta forma, para la próxima ocasión, será más sencillo tomar la decisión correcta y nos daremos cuenta que somos nosotros mismos los que llevamos las riendas de nuestra vida y no al revés. 

En realidad la resiliencia tiene  que ver con la capacidad de elegir. La diferencia entre una persona que sabe superar sus problemas y enfrentarse a las adversidades de la vida y una persona que no logra esa superación,  es que la primera es una persona que decide, que elige ser una cosa u otra, a pesar de las condiciones que le toque vivir. Eso es la resiliencia y no la capacidad de aguantar.

Equivocarnos nos ayudará a acertar la próxima vez y eso es porque nos ayuda a conocernos mejor. La cuestión básica para elegir bien,  es conocerse bien. El autoconocimiento implica saber cuáles son tus prioridades, qué es lo que más te importa en la vida. Creemos que vivimos de acuerdo a nuestros valores y a veces vivimos con un sistema de creencias aprendido de otros. Esa es al fin y al cabo la tarea que nos  lleva toda la vida. El apasionante proceso de vivir consiste en descubrir  quiénes somos.  Sin resignarse, sin conformarse.  En palabras de  Hermann Hesse: “La verdadera profesión del ser humano es encontrar el camino hacia sí mismo” 

DESENGÁNCHATE DEL MAL ROLLO

DESENGÁNCHATE DEL MAL ROLLO

Vimos en el post anterior, “SAVE THE DRAMA FOR YOUR MAMA”,http://declaraconc.com/save-the-drama-for-your-mama  que hay gente a la que parece que le gusta pasarlo mal. Personas que tienen la virtud de encontrar fácilmente  razones para sentirse ofendidas, que están siempre dispuestas a reaccionar ante la más mínima provocación de cualquiera con el que puedan enganchar una buena bronca. La salida a estas actitudes nos las daba Edckart Tolle y su  teoría de la adicción al cuerpo- dolor, que comparto plenamente. Pero Alex Corb, neurocientífico californiano  nos ofrece una solución  desde la ciencia  y explica  que la culpa de la afición al mal rollo es de nuestro cerebro.

EL SISTEMA DE RECOMPENSA DE NUESTRO CEREBRO

Para asegurar la supervivencia de la especie, nuestro cerebro está diseñado de manera que las acciones que nos acercan a este propósito  tienen  premio: producen placer. Por ejemplo,  comer o el acto sexual estimulan en nuestro cerebro lo que se llama “el sistema de recompensa” que  libera dopamina y  oxitocina , los neurotransmisores responsables de las sensaciones placenteras. El cerebro libera dopamina incluso como anticipación de la recompensa,  con el recuerdo de lo bueno,  lo que  despierta la necesaria motivación  para repetir aquella acción.

 Este sistema de gratificación está previsto y nos viene de fábrica de manera que intentaremos  que en el futuro las situaciones que han generado esa experiencia vuelvan a repetirse, asegurando de este modo la supervivencia de la especie mediante la reproducción y el consumo de alimentos. Así que menos culpabilizarnos cuando nos saltamos la dieta, estamos luchando con nuestro sistema límbico y toda la evolución de la especie.

 Ante la  gran variedad de acciones y opciones de comportamiento a las que estamos expuestos la función del “sistema de recompensa” es que elijamos la opción que nos hace sentirnos mejor. Sin embargo, esta posibilidad de dejarnos un margen de maniobra a la hora de poder elegir lo que vamos a hacer también tiene un riesgo llamado adicciónLas drogas estimulan el sistema de recompensa y cuando se usan repetidamente crean la adicción, que secuestra el sistema de recompensa, excluyendo todas las demás actividades. Las adicciones también pueden aparecer sin uso de drogas, simplemente a partir de la repetición excesiva de ciertas conductas.

Lo que nos aporta aquí Alex Corb y la neurociencia, es que a veces el sistema de recompensa de nuestro sistema límbico no es estimulado por sensaciones placenteras sino por sensaciones negativas. El malestar activa mecanismos cerebrales similares a los de la felicidad y la alegría. En palabras del doctor Corb: a pesar de sus diferencias, el orgullo, la vergüenza y la culpa activan los mismos circuitos neuronales. Esto explica por qué somos tan dados a cargarnos con culpa y vergüenza. Por qué a veces elegimos  relaciones  o situaciones que nos producen  sensaciones amargas en vez de huir de ellas como de la peste. Por qué para algunas personas resulta tan atractivo —e incluso adictivo— apilar emociones oscuras como si formaran parte de una colección.  Aunque advierte:   a la larga, la culpa, la ansiedad o la preocupación pueden aniquilar la vida de cualquiera.

Para nuestra supervivencia es más importante reconocer un posible peligro que una posible recompensa, por eso aunque tanto las emociones positivas como las negativas tienen funciones adaptativas, éstas últimas, como la ira, el miedo o el asco nos preparan para reaccionar ante una situación de peligro con una acción inmediata. En cambio los benificios adaptativos de las emociones positivas se dan a más largo plazo. Las amenazas son privilegiadas sobre las oportunidades. Una vez más la naturaleza le da más importancia a lo negativo que a lo postivo.

El cerebro responde con rapidez incluso a amenazas puramente simbólicas como es el lenguaje. Las palabras emocionalmente cargadas atraen enseguida nuestra atención, y las palabras atemorizadoras (guerracrimen) la atraen con más rapidez que las palabras dulces.

El psicólogo Paul Rozin, observó que una sola cucaracha arruina completamente el atractivo de un recipiente lleno de cerezas, pero una cereza no altera en nada un recipiente lleno de cucarachas.

¡Y OJO AL DATO! John Gottman, el conocido experto en relaciones matrimoniales, observó que el éxito a largo plazo de una relación depende mucho más de evitar lo negativo que de buscar lo positivo. Lo que resulta un tanto de desalentador .De esta conclusión parece que ha salido ese meme que circula por internet: “DISCUTIR CON UNA MUJER ES COMO SER ATACADO POR UN OSO. LO MEJOR ES HACERSE EL MUERTO CON LA ESPERANZA DE QUE SE ABURRA Y SE VAYA”.Gottman estimaba que una relación estable requiere que las buenas interacciones superen en número a las malas en al menos 5 a 1. Otras asimetrías en el ámbito social son más llamativas. Todos sabemos que una amistad que quizá haya tardado años en forjarse puede arruinarse por un único acto.

¿A la vista de esto podemos decir que estamos diseñados para ser felices? Parecería que la afirmación “a nadie le gusta sufrir” es más una frase hecha que una realidad. Pero nos guste o no, sea una tendencia biológica o aprendida, lo que está demostrado es que son muchos  los beneficios de ser felices.

La sicóloga Sonja Lyubomirsky, autora de “la ciencia de la felicidad” determinó a través de un meta análisis de 225 estudios, que la gente feliz es más productiva y creativa, obtiene mejores trabajos y sueldos, son mejores líderes y negociadores, son más exitosos en sus matrimonios y populares con sus amistades, tienen mejores sistemas inmunes, viven más, sufren menos accidentes, resisten mejor los traumas y el estrés, y tienden a ayudar más a otros y ser más filántropos.

No hay duda: es mejor cultivar emociones positivas que nos empujen a ser felices.  Para conseguir este propósito, la sencilla receta que nos  ofrece Alex Corb  es  ser agradecidos y la neurociencia nos aporta de nuevo una explicación científica. La actitud de agradecimiento afecta a tu cerebro porque estimula zonas cerebrales igual que el Prozac. Este antidepresivo aumenta la producción de serotonina, lo mismo  que hace la gratitud. Corb nos lo pone realmente fácil, ni siquiera tenemos  que encontrar algo por lo que estar agradecido, el simple hecho de buscarlo es lo que produce este efecto. Y POR SUPUESTO,  si expresas gratitud a las personas que te importan entrarás en un bucle de retroalimentación positiva en tus relaciones.

 

La espiral ascendente de corb funciona de la siguiente manera https://alexkorbphd.wordpress.com/about/ :  agradecer mejora la calidad de sueño; el sueño reduce el dolor y la reducción del dolor repara el humor; a mejor humor, menores niveles de ansiedad, lo que a su vez mejora el enfoque y la claridad mental; a mayor claridad mental, mayor creatividad, menores niveles de estrés y mayor nivel de satisfacción, lo que brinda motivos para sentirnos más contentos; esto hace que tengamos más razones para agradecer, lo que a su vez nos anima a socializar más y a hacer ejercicio…

Que hacer ejercicio mejora la  salud física y reduce la ansiedad lo sabemos todos y hasta lo recomiendan los médicos. Pero aún hay más: James Blumenthal en un  estudio llamado SMILE( Standard Medical Intervention and Long Term Exercise), demostró en 1999, que realizar 30 minutos de ejercicio enérgico tres veces por semana era tan eficaz como los fármacos para aliviar a corto plazo los síntomas de depresión aguda. Ahora el mismo equipo de investigadores del Centro Médico de la Universidad de Duke (EE UU) ha demostrado  que el ejercicio continuado reduce mucho las posibilidades de que vuelva a presentarse la depresión.

Para practicar la gratitud, Sonja Lyubomirsky  considera que lo mejor es llevar un diario que nos obligue a repasar cada noche al menos 3 cosas  por las que deberíamos sentirnos agradecidos, que hayan sucedido  durante  la jornada. Aunque  esto lo podemos  hacer  en cualquier momento .  Por ejemplo, en el coche por la mañana camino del trabajo, como me comentaba  un amigo, además te ahorras oír las tertulias radiofónicas. No sé si será la práctica de lo primero, o de lo segundo, pero  la verdad es que  mi amigo es un hombre bastante feliz.

Necesitamos estos pequeños trucos que nos recuerden que vivir es un regalo porque enseguida nos acostumbramos a todo  y a lo bueno, aún  más rápido.  Ya conocemos esos estudios  que demuestran  que las personas que ganan la lotería,  al acabo de muy poco tiempo, su vida vuelve a ser exactamente  igual que antes. Esto lo sabía bien mi madre y  por eso cuando nos fijábamos en un chico solo porque era guapo nos advertía: “¡Niñas! A la belleza te acostumbras , la estupidez te sorprende cada día”.

 Damos por hecho  nuestra suerte y no nos acordamos de que podría no ser así. Hay un estudio sorprendente en relación a los ganadores de medallas olímpicas del que se desprende  que el que gana la plata, se siente  peor que el ganador de la medalla bronce.  Este último se siente muy agradecido por haber  ganado al menos una medalla, en cambio el que ganó la medalla de plata piensa qué pena no haber ganado el oro, por tan poquito…El que ganó el oro es claramente el más feliz de todos. Tan raros no somos.

El profesor de Harvard, Mike Norton, nos ofrece otro truco para no olvidar estar agradecidos.  Consiste en interrumpir alguna de las cosas que nos gusta mucho hacer  durante un breve espacio de tiempo, para luego  al  retomar la rutina sentirnos  inmensamente agradecidos y por tanto más felices. Eso lo hemos experimentado todos cuando nos vemos obligados por ejemplo a dejar de tomar café en el desayuno durante unos días, o a ir en metro a trabajar porque tener el coche estropeado. Cuando volvemos a saborear nuestro café por la mañana, ese  momento es vivido con una gratitud que poco tiene que ver con ese desayuno a toda prisa de hace unos días. Lo mismo ocurre con el trayecto  en coche,  después de sufrir la hora punta del metro, nos  sentiremos  agradecidos de ir oyendo la radio, calentitos en nuestro coche…mientras no  vayamos  escuchando las tertulias, claro. Seamos conscientes de lo que tenemos y no esperemos a perderlo para añorarlo. Desde luego yo, querido lector, me siento muy agradecida por el tiempo que has dedicado a leer este post. Gracias, gracias, gracias.

 

SAVE THE DRAMA FOR YOUR MAMA

SAVE THE DRAMA FOR YOUR MAMA

Los anglosajones  tienen una expresión muy útil para librarse de los quejicas y no aguantar lamentos de nadie: “save the drama for your mama”. Que sería algo así como: “guárdate las  penas para tu madre”. Reconozco que en español suena peor… bastante desaprensivo. A falta de pareado que nos saque del apuro, el sicólogo Rafael Santandreu ha  enriquecido nuestra lengua con los términos “terribilizar” y “terribilitis”. Con ellos se refiere a la tendencia a calificar como terribles cosas que no lo son. A esa manía de dramatizar y tomarnos a la tremenda adversidades con las que deberíamos contar como parte de la vida. Y añade otro más que  podría  incluirse en el diccionario de la RAE: “la necesititis”.Exigimos demasiado a la vida, a nosotros mismos y a los demás, basándonos en creencias irracionales que nos hacen pensar que sin determinadas cosas es imposible ser feliz.

TERRIBILITIS

La afición a la “terribilitis” a la hora de  abordar sucesos de la vida cotidiana, sobre todo en la relaciones  con la pareja o con los hijos, deteriora la convivencia por asuntos sin importancia real. Yo he llegado a decirle a mi hija – completamente compungida- que el desorden de su habitación me hacía profundamente infeliz ¡Terribilitis en estado puro! Santandreu propone  el ejercicio de redactar  una “lista de sugerencias con amor” para la pareja, y al final de cada sugerencia añadir:”…pero si no lo haces yo te querré igual el resto de mis días”. Fácil no parece, pero habrá que intentarlo. A veces repetimos y repetimos la misma queja y no cambia nada. Quejarse no es la solución, es mejor pasar a la acción.  No vale la pena arruinarse el día por algo que seguramente no es tan importante.

¡Pedir la hoja de reclamaciones al mundo no nos servirá de nada!

Todos necesitamos en ocasiones canalizar la rabia o la impotencia expresando nuestro descontento y malestar en voz alta. Quejarse de vez en cuando no tiene por qué ser negativo, el problema surge, como dice Mireia Darder, terapeuta Gestalt: “cuando hacemos de la queja un hábito, una realidad cotidiana que nos acompaña en nuestro día a día y nos hace ir por la vida como una nube gris”.

Esas personas protestonas que nunca están contentas con nada, creen que son víctimas de los demás y de las circunstancias, por lo que no se sienten culpables ni responsables de nada de lo que les sucede. Buscan culpables continuamente, desarrollan una actitud recelosa que les invita a creer que los demás siempre actúan de mala fe, solo para ponerles la zancadilla.

La queja generalmente suele ser una manera de esconder la cabeza bajo tierra como un avestruz, en lugar de afrontar el problema que nos ocupa. Nos facilita no pasar a la acción y tomar cartas en el asunto enfrentándonos al hecho que está ocurriendo. Solemos decir que en España  necesitamos menos ir al sicólogo que en otros países más fríos, porque aquí como somos más abiertos tenemos más facilidad para compartir nuestros problemas con  amigos y familiares. Nos desahogamos con los amigos, creemos que hemos hecho algo por cambiar la situación y lo único que hemos hecho es lamentarnos, lo que nos da una falsa y momentánea sensación de alivio…pero seguimos ahogados en el problema sin solucionar nada. Save the drama for your mama… o por lo menos para tu terapeuta. Quejarse nos resta energía porque nos lleva a quedarnos en el mismo círculo vicioso y a un estado emocional de tristeza que nos desincentiva para pasar a la acción.

El filósofo y escritor Hindú, Swami Parthasarathy, cree que la cultura de la queja está llevando a occidente a la decadencia. Nos considera el continente quejumbroso, porque  hemos crecido con la convicción de que  tenemos derecho a todo,  y por eso  siempre encontramos motivos para la queja.  De ese modo, según Parthasarathy,   perdemos la oportunidad de  tener responsabilidades,  la causa de nuestra insatisfacción no está en nosotros sino en los demás.http://www.lavanguardia.com/lacontra/20110906/54212340265/la-cultura-de-la-queja-lleva-a-occidente-a-la-decadencia.html

Entiendo que este maestro hindú mira a occidente como si fuera un niño mimado. En las familias numerosas, de la que provengo, impera la ley de: “esto son lentejas…”. Creces con la idea de que quejarse no sirve de nada, si algo no te gusta tienes que intentar cambiarlo tú. Por otra parte, en algunos casos, las familias numerosas hacen que las personas sean demasiado conformistas porque intentar cambiar las cosas cuando eres niño es una tarea demasiado difícil.

En España desde que empezó la crisis, nos hemos hecho  profesionales de la queja: “Qué mal está todo”. ¿Cuántas veces hemos oído o dicho esta frase?  Pero… ¿todo, todo, está mal? Habitualmente empleamos en nuestras conversaciones cuantificadores universales que no corresponden con la realidad de lo expresado: siempre, todos, nadie, la gente, etc. “Siempre me equivoco”; “Nunca me han querido”; “la vida que llevo es  muy aburrida”. Debemos pararnos a pensar si las cosas son realmente así. ¿Siempre? ¿No haces nada bien? ¿Nunca? ¿Toda tu  vida es aburrida? ¿No hay ningún aspecto que no lo sea? Si estamos atentos a estas generalizaciones, nuestra comunicación será mucho más efectiva y seguramente nos sentiremos mejor.

ADICCIÓN A LA QUEJA  EL CUERPO -DOLOR

Muchas personas suelen encontrar placer en el acto de quejarse porque así asumen mejor su papel de “pobres víctimas” y logran llamar la atención de los demás. Su consuelo es el propio lamento. Estas personas no piden ayuda para solucionar sus problemas, solo se lamentan de sus desdichas en la búsqueda desenfrenada de compasión y protagonismo. ¡Y pobre de ti como intentes ofrecerles una solución a su desdicha! No permitirán que intentes estropearles el atracón de victimismo y a cada solución propuesta encontrarán ellos un obstáculo insalvable.

Como explica Edckart Tolle, reconocido autor espiritual, estas personas son adictas al drama y a la infelicidad. La primera vez que yo oí esto me quedé de piedra, y me pareció exagerado, pero enseguida supe que no era tan raro. Yo misma había sufrido esa adicción en una época de mi vida. Esta atracción por el sufrimiento que padece tanta gente, es bien conocida por los guionistas de telenovelas, los autores de canciones románticas, o por los directores de programas de cotilleo. A la gente le gusta pasarlo mal o ver cómo se pelean e insultan los demás. Basta hacer un repaso a la letra de las canciones que oímos todos los días y el repertorio de lamentos es abrumador. Buena parte de la industria del entretenimiento, desde el cine a los vídeojuegos,  se sostiene gracias a la adicción de los seres humanos a la infelicidad. Es lo que Tolle ha bautizado como el cuerpo-dolor.

Cuando el cuerpo -dolor es muy denso las personas viven inmersas en continuas batallas o en litigios contra empresas y personas. Otras se consumen de odio contra su ex pareja. Sin reconocer el dolor que llevan dentro, proyectan su dolor sobre las situaciones y los sucesos a través de su reacción. Puesto que no tienen conciencia alguna de lo que son, no distinguen entre el suceso y su reacción  frente al mismo.

En esta entrevista (minuto y medio) con Oprah Winfrey, popular presentadora de la televisión americana, Tolle explica, con su característico sentido del humor, cómo romper con el comportamiento que te hace disfrutar de la infelicidad.

http://www.oprah.com/anewearth/oprah-and-eckhart-tolle-on-how-to-cure-an-addiction-to-drama-video

Cuando eres consciente de eso, cuando te das cuenta que estás creando tu propio drama, entonces es cuando empiezas a salir de ahí. Cuando eres capaz de ver lo que sucede dentro de ti desde fuera, como un testigo, empiezas a romper esa tendencia a disfrutar del sufrimiento. Basta con observarlo, pues observarlo implica aceptarlo como parte de lo que es en este momento. Cuando eres plenamente consciente, el drama ya no viene a tu vida.

Este es el poder del ahora, el poder de tu propia presencia consciente. Esta es la más potente herramienta de transformación. San Pablo  lo expresó de esta manera: “Todo se muestra cuando queda expuesto a la luz, y lo que queda expuesto a la luz se convierte en luz.”

COMER CON LOS OJOS

COMER CON LOS OJOS

4 PRINCIPIOS BÁSICOS  PARA  COMER ATENTOS

 

 Una de las frases que más repetía mi madre cuando éramos niños era: “¡Es que coméis con los ojos! Mi madre se quejaba  cuando dejábamos la comida en el plato porque para ella eso era  una muestra de mala educación. Siempre pensé que eran ocurrencias de mi madre, ¿cómo  vamos a comer  por los ojos? Y   ahora me entero que sí se puede comer con los ojos,  es lo que  la pediatra y profesora de meditación   Jan Chozen Bays , llama  “ hambre visual” en su libro: COMER ATENTOS donde  explica  cómo  mejorar  la  relación  con algo tan  importante como  nuestra alimentación,  determinará   sin lugar a dudas la calidad de nuestra vida.

De pequeños, sobre todo en el colegio,   también era habitual despertar nuestra culpabilidad al recordarnos que mientras nosotros  dejábamos comida en el plato  había niños que se morían de hambre  al otro lado del planeta. (Sentimiento que  hoy  todavía  arrastro).  Pero la razón más poderosa solía ser el “reventar antes que sobre”, pero el plato había que terminárselo, siempre  atendiendo a cuestiones  ajenas a nuestras ganas de comer.  Estas instrucciones nos  animaban  a  ignorar las señales de nuestro  estómago y  era el  plato vacío el que decidía si habíamos comido suficiente y cuando debíamos parar de comer.  

Como explica Bays, a lo largo de nuestra vida vamos desarrollando hábitos y pautas alimentarias que crean un comportamiento condicionado. La mayoría son inofensivas y acaban desapareciendo , pero algunas pautas reactivas sin embargo están profundamente implantadas, permanecen ocultas y nos constriñen. Al igual que en los experimentos de Paulov con perros donde  la comida se asocia con una campanilla, cada uno de nosotros tenemos una asociación inconsciente con la comida que  viene desde  la infancia.

Pasar del modo automático al modo consciente a la hora de comer  nos hará mejorar nuestra relación con la comida.

¿Cómo detectar que una vieja pauta de hábito condicionado esta activada? La doctora Bays nos propone hacerlo a través del MINDFULNESS :  comer con atención. Los hábitos ocultos son inalterables mientras permanecen ocultos, pero  en cuanto les ilumina el foco de la consciencia  podemos cambiarlos,  y  es cuando empiezan a perder su poder sobre nosotros. Al hacernos conscientes de ellos creamos una brecha entre el pensamiento y la acción que normalmente le sigue, y de esta manera detenemos el comportamiento automático.

El Mindfulness hunde sus raíces en la comprensión de que cuando ignoramos lo que vemos, tocamos o comemos, es como si no existiese.  Si comemos mientras vemos la televisión, distraídos y sin realmente saborear los alimentos, los digerimos sin darnos cuenta,  y así  seguiremos sintiéndonos hambrientos e insatisfechos. Cuando se traslada Mindfulness al comer, se abre ante nosotros un mundo de descubrimientos y deleite. ¡Una vez más la ATENCIÓN viene a nuestro rescate!

4 PRINCIPIOS BÁSCIOS QUE NOS AYUDARÁN A COMER ATENTOS Y A DECIDIR QUÉ COMO Y CUÁNDO LO COMO

Para ello Jan Chozen Bays nos da unas sencillas pautas, no nos asegura que   vayamos a  adelgazar o a engordar pero  sí    aumentará  nuestra  satisfacción a la hora de comer.

1.NO PASA NADA POR SENTIRSE VACÍO. En primer lugar debemos perder  el miedo  a  “tener hambre”, a sentirnos vacíos.  ¿Por qué cuando tenemos sensaciones de vacío intentamos ponerles fin rápidamente? La sensación de vacío en el estómago es un sensación  algo incomoda- si lo calificamos así-  pero ni molesta como un picor, ni mucho menos dolorosa. La pregunta que nos hace  Jan es ¿Estás dispuesto a estar vacío?: Porque tanto si te gusta como si no  “somos vacío”. Yo comparto una manía  con la doctora Jan, y es que siempre que viajo, aunque sea dentro del territorio nacional, llevo en el bolso una barrita de cereales o una fruta, por si me pilla el apocalipsis y desaparecen tiendas y bares  no morir de hambre. Eso es miedo a tener hambre.

Debemos de dar al estómago y al resto de los órganos digestivos un descanso. “Creemos que nuestro valor en la vida, incluso nuestra supervivencia depende de ser productivos, de producir pensamientos”…  de tener mente y cuerpo llenos. A veces confundimos la ansiedad con el gruñido del estómago  vacío, y comiendo no desaparece, estar atentos nos hará comprender qué nos pasa. La idea de que el estómago avisa cuando tenemos hambre no es correcta. Somos nosotros los que les decimos al estómago cuando tener hambre. Eso se produce a través de nuestros hábitos alimentarios. Cuando consumimos tres comidas al día en horarios regulares el estómago se condiciona a esperar comida en esos momentos.

2.IR MÁS DESPACIO- DEJEMOS DE COMER COMO SI FUERA UN TRÁMITE. Podemos ir más despacio si masticamos más, y de esta manera además  nuestra boca disfruta con las diferentes texturas, siente que ha comido algo cuando participa activamente, no solo tragando.  Aportamos más saliva, lo que es importante a la hora de obtener nutrientes, y dejamos trascurrir   los 20 minutos necesarios para que se complete el proceso de retroinformación y nos llegue  el mensaje  de ya estamos llenos. Normalmente solo hacemos caso al primer bocado y al segundo, y enseguida pasamos a  la conversación  y no nos enteramos que nos hemos terminado el plato.

También podemos hacer una pausa antes de empezar a comer y  dar las gracias por los alimentos  a todas las personas que han intervenido en el proceso hasta que han llegado a mi mesa. Soltar el tenedor o la cuchara  y dejarlos sobre el plato, cada vez que llevemos un bocado a la boca; comer con la mano no dominante; o cortar la comida en pedacitos, son otros trucos que nos  ayudarán  a comer despacio hasta que consigamos que sea una costumbre.

3. CANTIDAD ADECUADA. Los maestros Zen dicen que la cantidad adecuada es cuando nos  sentimos llenos en 2/3 partes, lo que se llama en japonés el “hara no hachi bu”.  Así lo practican  los habitantes de Okinawa, el pueblo más longevo del planeta  según cuentan en su libro:“Ikigai”,  Héctor García y  Francesc Miralles.

La cantidad adecuada es la que cumple con la  ecuación energética.  Cuando  la entrada de energía a través de los alientos  es igual a  la que sale a través del esfuerzo de mantenernos calientes y movernos.

 El cuerpo tiene su propia sabiduría y puede decirnos mucho de lo que necesita si somos capaces de escuchar.  Es lo que se llama “hambre celular”,  la llamada de las células a través de diversos síntomas pidiendo ciertos nutrientes. Lo que todos hemos experimentado alguna vez, sobre todo cuando  estamos  deshidratados después de sudar y las células nos piden agua.

4. DE QUÉ TENGO HAMBRE- QUIEN ES EL QUE ESTÁ HAMBRIENTO. Otro de los recuerdos de  mi infancia con respecto a la comida es que durante los primeros  años de colegio debíamos  comer en silencio.  Entonces aquello me parecía horrible,  pero hoy no lo veo así.  Comer o cenar  fuera de casa   es  muchas veces una experiencia,  sino estresante,  desde luego poco  relajante, por el  altísimo nivel  de contaminación acústica que existe en bares y restaurantes  en nuestro país. 

 Comer atentos incluye todos los sentidos y nos permite averiguar de qué tengo hambre. Nos sumerge en los colores, texturas, aromas, sabores e incluso en los sonidos de comer y beber.

 Además del “hambre visual“,  la comida que apetece con la vista porque es atractiva no porque tengamos hambre,  también está el” hambre olfativa”. Lo que llamamos sabor o gusto es sobre todo el olor de la comida. Por eso cuando estamos constipados la comida no sabe a nada. Según La doctora Jan oler una trufa de chocolate y disfrutar de su aroma es casi tan bueno como comérsela …

Algunas experiencias de hambre no son de hambre de comida, pero cuando las sentimos tratamos erróneamente de aliviarlas comiendo. “Con mindfulness podemos empezar a desenredar y separar  esas distintas experiencias de hambre y  solo entonces podremos responder a cada una  de ellas de manera apropiada e íntegra”.

Cuca Azinovic, experta en mindfulness, especializada en  alimentación consciente ayuda a muchas personas   a re-establecer una relación saludable con la comida. http://bienestarconsciente.es/

 Hay alimentos que evocan emociones. Muchas personas cuando se sienten solas o tristes no son  conscientes de que comen en un intento de llenar no el estómago sino el corazón, y normalmente  esto hace que comamos en exceso. Esa comida nunca llenará ese vacío,  ni calmará el dolor en el corazón. Alimentamos el corazón cuando ponemos atención al prepararnos una comida, cuando nos tratamos como si fuéramos un invitado.

En los países desarrollados  existe un  grave  problema  de relaciones desordenadas con los alimentos y la alimentación.  Se hace urgente la necesidad de un tratamiento y una orientación  sobre este tema. La mayoría de libros y técnicas destinados a cambiar nuestra manera de comer intentan imponer cambios desde el exterior,  mindfulness provoca cambios desde el interior, donde está la solución.

LA LEY DEL MÍNIMO ESFUERZO

LA LEY DEL MÍNIMO ESFUERZO

Hace años que leí “Las 7 leyes espirituales del éxito”– magnífico libro del médico hindú Deepack  Chopra– y aún lo tengo presente. En ese momento me parecieron grandes leyes encaminadas a sacar lo mejor de uno mismo y conseguir, por tanto, triunfar en la vida. Todas menos una: “la ley del mínimo esfuerzo”. Conseguir éxito en la vida con el mínimo esfuerzo me pareció como poco una provocación, y desde luego un desatino. Con el tiempo, en cambio, he entendido que es imprescindible practicar esta ley si  realmente quieres tener una vida plena.

Estas leyes son 7 principios poderosos que nos permiten alcanzar el dominio sobre nosotros mismos: no juzgar, practicar la entrega, ser conscientes de que cosechamos lo que sembramos, y de que cualquier cosa sobre la que dirijamos nuestra atención cobrará fuerza en nuestra vida. Nos invitan también a desapegarnos del resultado y nos recuerdan que cada uno tiene un talento singular. Y además, nos animan a la acción mínima, a la no resistencia: LA LEY DEL MÍNIMO ESFUERZO.

“CUANDO IMPONEMOS SOLUCIONES FORZADAS A LOS PROBLEMAS NO HACEMOS MAS QUE CREAR NUEVOS PROBLEMAS”

Seguro que a muchos de vosotros –como a mí- os dieron en vuestra juventud este consejo: “puedes hacer lo que quieras, pero tienes que ser el mejor en lo que hagas”… y añadían:” aunque sea fabricando tornillos”. Se nos presentaba un panorama aterrador: para hacer algo tenías que hacerlo mejor que todos los demás. El resultado era que uno se atrevía a hacer muy pocas cosas, ni siquiera tornillos (que debe de ser bastante complicado, por cierto).

Yo soy partidaria de hacer lo que a uno le apetezca. Aunque no lo hagas bien, ¡hazlo!, disfrútalo y aprende. Pues esta es ni más ni menos que la ley del mínimo esfuerzo de Chopra que tanto me costó entender. Y no me refiero solo al ámbito profesional. En cualquier orden de nuestra vida hay que hacer cosas, sin esperar a hacerlas bien para atreverse a hacerlas.

Esta ley se basa en que la naturaleza funciona con una facilidad libre de esfuerzos. El principio de la armonía y el amor. Si observamos a la naturaleza en acción vemos que gasta el mínimo esfuerzo: la hierba no se esfuerza por crecer, simplemente crece. El acebo, por ejemplo, es un árbol pequeño cuyas hojas más cercanas al suelo son espinosas -y así evitan ser comidas por los herbívoros que anden por la zona-, pero las de la copa, donde los animales no llegan, son lisas.

¿Cómo saber cuándo conviene salir de la zona de confort o quedarse acurrucadito en lo conocido? Yo creo que es positivo salir de la zona de confort…¡pero no a rastras! Como  dice la “Plegaria de la Serenidad” del teólogo Reinhold Niebuhr: “Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia”.

 Nos perdemos demasiadas cosas en la vida por el miedo a lo desconocido, pero tampoco es necesario echarse pulsos a uno mismo, y cada uno sabe cuándo está forzando demasiado la situación. Tu vida no debe ser una constante carrera de obstáculos. Cuando de forma reiterada encuentras en tu vida resistencias y agobios, es que  te estás equivocando.

La ley del mínimo esfuerzo la experimentamos todos cuando hacemos algo que, aunque requiere trabajo y concentración, eso  no se traduce en un esfuerzo agotador, sino que estamos inmersos de tal manera en esa actividad que ni siquiera somos conscientes del paso del tiempo. Estamos disfrutando de lo que hacemos  sin preocuparnos por el resultado. Solo hay presente y fluyes con él.

Muchas empresas hoy día, las “happy companies”, han entendido que trabajar no tiene por qué ser un castigo divino y un empleado feliz es, al final, mucho más rentable.

Deepack Chopra nos ofrece tres herramientas para poner en práctica la ley del mínimo esfuerzo: Aceptación, responsabilidad e indefensión.

Lo primero que podemos hacer para  poner en práctica este principio es aceptar las cosas como son: este momento es tal como debe ser. Porque todo el universo es tal como debe ser. La aceptación no es resignación. Podemos desear que las cosas sean diferentes en el futuro, y hacer algo para  cambiarlas, pero en el presente, en este momento, las cosas son tal como son. Además, lo que parece ahora una desgracia puede que más adelante se revele como un triunfo.

Este antiguo cuento nos lo explica muy bien.

 

“Un granjero vivía en una pequeña y pobre aldea. Sus vecinos le consideraban afortunado porque tenía un caballo con el que podía arar su campo. Un día el caballo se escapó a las montañas. Al enterarse los vecinos acudieron a consolar al granjero por su pérdida. “Qué mala suerte”, le decían. El granjero les respondía: “mala suerte, buena suerte, quién sabe”.

Unos días más tarde el caballo regresó trayendo consigo varios caballos salvajes. Los vecinos fueron a casa del granjero, esta vez a felicitarle por su buena suerte. “Buena suerte, mala suerte, quién sabe”, contestó el granjero.

El hijo del granjero intentó domar a uno de los caballos salvajes pero se cayó y se rompió una pierna. Otra vez, los vecinos se lamentaban de la mala suerte del granjero y otra vez el anciano granjero les contestó: “Buena suerte, mala suerte, quién sabe”.

Días más tarde aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejército. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Los aldeanos, ¡cómo no!, comentaban la buena suerte del granjero y cómo no, el granjero les dijo: “Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?”.

La segunda herramienta que nos ofrece Chopra es la responsabilidad. Cuando nos sentimos alterados o frustrados por una persona o una situación, recordemos que no estamos reaccionando ante la persona o la situación sino ante los sentimientos que albergamos ante esa persona o situación. Son nuestros sentimientos, y nuestros sentimientos no son culpa de otra persona. Cuando entendemos esto podemos hacernos responsables de cómo nos sentimos, y por tanto, cambiarlo.

NO DEBEMOS ECHAR LA CULPA DE NUESTRA SITUACIÓN A NADA NI A NADIE ¡y aquí viene lo bueno! : ¡NI SIQUIERA A NOSOTROS MISMOS!

Una cosa es ser responsable y otra culpable. La culpa pesa y entorpece tú avance, la responsabilidad invita a la acción. Esto nos ayudará a tener una respuesta creativa a la situación tal como es ahora. La realidad es una interpretación. Todas las situaciones supuestamente preocupantes pueden convertirse en una oportunidad de creación de algo nuevo y todo tirano puede ser un maestro.

Y por último -¡el más difícil todavía! – la tercera herramienta: la indefensión. Renunciar a la NECESIDAD de persuadir o convencer de nuestro punto de vista, lo que nos ahorrará mucha energía.

” (…) la mayor parte de nuestra energía la dedicamos a defender nuestra importancia (…)”

 Como aquel chiste que todo el mundo conoce:

Qué bien  te veo Julio, ¿cómo lo haces?

– Es porque nunca discuto.

-¡Hombre, por eso no será!

-Pues no será por eso…

La combinación delicada de estos tres principios contribuirá a que nuestra vida fluya libre de esfuerzos. La ley del mínimo esfuerzo es una invitación a dejar de luchar contigo mismo. Es el camino de la mínima resistencia interna y la armonía con uno mismo.

 

¿Qué parte del “no” no has entendido?

¿QUÉ PARTE DEL “NO” NO HAS ENTENDIDO?

Entender lo que significa un “no” no es fácil. Y eso  sucede tanto a la hora de darlo como de recibirlo.

EL NO YA LO TIENES

 Una de las mentiras más gordas con las que me he topado en la vida es  esa de: ”por preguntar no pierdes nada,  el no ya lo tienes”. Cuando dudamos ante la idea de pedir algo difícil, siempre hay alguien dispuesto a aconsejarte: ”por preguntar no pierdes nada,  el no ya lo tienes”.  Pero de eso nada: el “no” no lo tienes hasta que no te lo echan encima y cargas con él. Y ese “no”, tan cortito, tan ligero… pesa y hay que saberlo llevar.   ¿Y por qué pesa? Porque recibimos  el rechazo como propio, como personal.  Asumimos que esa negativa no va dirigida  a nuestra  propuesta, sino que la  interpretamos como una  desaprobación a toda nuestra persona. Lo que nosotros valemos no tiene nada que ver con lo que otra persona hace o dice respecto de nuestras propuestas.

¿Y si la propuesta somos nosotros mismos? Todos conocemos a alguien que tiene  mucho  éxito  a la ahora de ligar aunque nosotros  no  terminamos de entender dónde reside su encanto. No vemos nada especial en esas personas porque no son ni  muy guapas, ni  muy simpáticas, ni muy  listas,   y sin embargo  ¡no hay  objetivo que se les resista!  Yo  tengo claro donde reside su irresistible  atractivo: no tienen miedo al rechazo y lo intentan  tantas veces  como  haga falta. Estas personas saben que el problema no lo tienen ellos, la cuestión no es asunto suyo, sino de la otra persona. Ellos siguen siendo  la misma persona, con aprobación o rechazo, no ha cambiado nada. Y así es. Una de las  frases  que  mejor me ayudó a entender esto fue:

 “Lo que tú  piensas de mí  no soy yo, eres tu pensando”·

No me están rechazando a mí  porque yo sea  espantoso, sino porque a esa persona (y no a  todo el mundo), y en ese momento (y no  siempre), no le interesa lo que le estoy proponiendo, aunque la propuesta sea yo mismo. Y eso es mucho más fácil de asumir. Esto ya no pesa tanto, ¿verdad?

 Y esto es así en todos los órdenes de nuestra vida. Ahora se intenta evitar a toda costa la palabra “fracaso”. Podemos encontrar en internet todo tipo de frases que eufemísticamente llaman al fracaso de otra manera. Una de las más conocidas es esa que se atribuye a  Edison: “no fracasé, solo descubrí 999 maneras de como no hacer una bombilla”.  ¿Bastante  rebuscado no? El fracaso se define como  un resultado adverso. ¿Y qué? ¿Cuál es el problema? Simplemente: para tener éxito hay que intentarlo muchas veces. Asúmelo. Las cosas se  consiguen con esfuerzo: así es la vida. 

Cuando  no tenemos miedo a volverlo a intentar, tenemos muchas más probabilidades de éxito, porque casi nadie consigue nada  a la primera.  Y ahí va  otra  gran verdad: “el que la sigue la consigue”. La perseverancia es la madre de todos los éxitos. Y así nacen muchos talentos.  Repetir y repetir. Por eso lo mejor es dedicarse en la vida a algo que te guste, porque cuanto más lo hagas, mejor lo harás.(Aunque todo tiene un límite, claro. Es recomendable evitar darse cabezazos contra un muro.)

DECIR QUE NO SIN SENTIRSE CULPABLE.

Y luego está la otra parte del “no”: cuando lo dices tú… O no lo dices, pero te gustaría.

Cuando yo era pequeña la ofensa más grave que podías proferir contra alguien era llamarle “egoísta”.  Ser egoísta era un pecado gordísimo. Por eso cuando ya de adulta leí el libro del Dr. Herrero: ”Creencias que sanan, creencias que dañan”  desde donde  nos animaba a ser egoístas, tuve que frotarme los ojos y leerlo un par de veces.

 Así lo definen Richard y Rachael Heller: “ el egoísmo sano consiste en respetar las propias necesidades y sentimientos aunque los demás no lo hagan. Sobre todo si los demás no lo hacen”. Más claro, agua. Y no sentirse por ello culpable, añadiría yo.

 

Todavía hay gente que cree  que pensar en  uno mismo primero es  una auténtica bajeza,  que cuidar de  los propios intereses es la peor de las ruindades. Cuando  quererse a uno mismo es, desde luego, el mejor regalo que podemos  hacerle a los demás, y no puede ser de otra manera.  Una persona que se quiere y se ocupa de sí misma,  tiene mucho más espacio para querer a los demás. Recuerden: “…en caso de despresurización de la cabina coloque primero su máscara y luego la de su acompañante…”.  

Como  muy bien explica el sicólogo  Luis Muiño en su artículo: “¿yo, me, mí, conmigo?  sobre la   “generación del yo” : “Los rasgos psicológicos asociados a los ególatras pueden conducirlos, paradójicamente, a conductas  más altruistas”. 

Así que si eres de los que te cuesta decir que no, y siempre acabas haciendo lo que te piden los demás aunque no te apetezca, olvídate de que eres mala persona, y empieza a practicar. Conviene empezar por lo facilito.  Al jefe y la suegra los dejaremos para cuando seamos Master en asertividad. Al principio  mejor buscarse alguna muletilla tipo “déjame que lo piense” antes de decir inmediatamente que no, y eso  ya será un paso. Y poco a poco llegaremos al NO, tal cual, sin justificaciones ni excusas.  Porque  “ no”  ya es una frase completa.

 

“SANTA CLARITA DIET”. ¿Qué te estás pensando encima?

Rebeca Elizegi

 

“SANTA CLARITA DIET”

¿Qué te estás pensando encima?

Creo que a estas alturas ya todos sabemos que “somos lo que comemos” y que tu salud depende  mucho  de  la dieta que  hagas. Lo que  creo que  no tiene claro todavía todo el  mundo  es que también “somos los que pensamos”, y nuestra salud emocional y, en definitiva la calidad de nuestra vida, también depende de lo que pensemos de nosotros mismos  y de las cosas que nos pasan. Nuestros pensamientos hacen, irremediablemente, que seamos quienes somos y lo que podemos llegar a ser.

“Elige tus pensamientos y tu vida cambiara”.

Esto deberíamos  ponerlo en el cabecero de la cama. No conozco una verdad más grande.  La primera sorpresa es: ¿pero puedo elegir lo que pienso? ¡Claro!  Y por eso eres dueño de tu destino.  ¿O crees que hay alguien ahí pensando por ti?

 

 

Hay personas optimistas por naturaleza que siempre piensan lo mejor en cada situación, que creen que lo que se proponen lo conseguirán, que si algo les sale mal,  otra vez les saldrá mejor, etc. Para todo ellos mi más sincera enhorabuena, pueden ahorrarse este rollo.

Para el resto-entre los que me  encuentro-propongo seguir estos 2 pasos, que a mí me han ayudado  mucho a tener a una vida mejor.

Uno: poner  atención en lo que  “me estoy pensando encima”  y parar el pensamiento rumiante. Soy una forofa de la “atención”: la madre de todos los cambios. Hay que estar alerta.  Disciplina y mano dura: ¡y  aquí se piensa lo que yo diga!

 Y dos: escoger un pensamiento positivo. Siempre  puedo sacar algo positivo de cada situación. Hay que intentar nutrir nuestro pensamiento con lo más  saludable del menú.

Yo estoy a dieta de pensamientos negativos desde hace tiempo y eso mi  cuerpo lo va notando. Me he quitado de criticar, guardar ofensas, coleccionar enfados y presagiar desgracias. (Aunque confieso que de vez en cuando siento enormes tentaciones de saltarme el régimen y darme un atracón de chismorreos…).Pero no conviene pasarse porque hay pensamientos realmente indigestos.

Como asegura el Dr. Brian Schwartz, asesor de carreras profesionales: “La gente alcanza el éxito que su propia autoestima puede admitir”. Tú serás, nada más y nada menos, que lo que pienses que eres. Difícilmente conseguirás nada en la vida si tienes un concepto espantoso de ti mismo y harás lo posible para darte la razón. Tú eres y tienes lo que crees que te mereces.

“Si cambiamos las percepciones que tenemos en el subconsciente nuestra realidad cambiara” como  dice el científico  Bruce Lipton. http://www.lavanguardia.com/lacontra/20110909/54213913374/lo-que-pensamos-varia-nuestra-biologia.html

Dicen por ahí que a veces es más  difícil asumir el éxito que el fracaso… Me dedico a observar a la gente  que tiene éxito en su vida y todos son gente positiva. ¿Son así porque todo les va bien, o al revés? Y ya se sabe: “no vemos el mundo como es, vemos el mundo como somos”… ¿Cómo es tu mundo?

DE VUELTA VOY

DE VUELTA VOY

PEDRO CASALDALIGA

 

Discretamente sordo a los agudos, 
nuevas me llegan las vivencias graves: 
los cantos de la paz, los llantos mudos, 
el vuelo independiente de las aves,

la trama del pecado y su reverso, 
la soledad de todos tan cercana, 
la síntesis del mundo como un verso, 
la voz de Dios más otra y más humana.

Suelta la crin y la ternura suelta, 
la libertad por brida entre los dientes, 
ya en la recta final, estoy de vuelta 
de ciertas cabalgadas impacientes.

No he de colgar la lira ni la espada, 
no negaré mi brazo a quien lo quiera, 
pero se pone el sol en la calzada 
y abro de par en par la antigua espera.

 

 

DEMASIADO POSTUREO.CÓMO SER AUTÉNTICO Y NO MORIR EN EL INTENTO.

Graham Moore

 

DEMASIADO POSTUREO. CÓMO SER AUTÉNTICO Y NO MORIR EN EL INTENTO.

El postureo” es esa actividad con la que  uno trata de aparentar lo que no es,  de  disimular defectos, exagerar virtudes, inventar logros. Muchas veces, por miedo a no ser aceptados, preferimos vivir la vida de otro y no seguir nuestro instinto. Preferimos acomodarnos a lo establecido antes que manifestar nuestra propia manera de ver y vivir la vida.

Hay máscaras que asfixian, trajes que aprietan, posturas que destrozan, y aun así seguimos con ellas. “El postureo”, ese agotador ejercicio que nos lleva a intentar complacer al otro (padres, amigos, novios…) sin plantearnos siquiera a veces: ¿y a mí, me apetece esto? ¿Me gusta? ¿Estoy cómodo?

Por no quedar mal, por no defraudar, cumplo con lo que se espera de mí.  No siempre nos vemos empujados a cumplir el papel del perfecto. A veces te  cuelgan el cartel de “desastre” y te pasas la vida agarrado a él. Y entonces sí, ¡menudo destrozo! Ese miedo a no gustar al otro, a los otros, ¡a todos! acaba por hacer que no nos gustemos a nosotros mismos y eso tiene un sabor muy amargo.

Cuanto antes te atrevas a ser tú, antes  encontrarás ese lugar donde  se aloja la plenitud.

Nos domina el miedo a quedarnos privados de amor y acabamos convertidos en marionetas. Deja de disimular, de fingir, de intentar caer bien. No podemos dar a los demás el poder sobre nuestra vida. No podemos dar a los demás la llave de nuestra felicidad. La felicidad está mucho más cerca de la autenticidad que del postureo. 

A todos nos gusta gustar a los demás, el problema surge cuando en vez de un deseo es  una necesidad y si los demás no nos  aprueban nos sentimos fatal, e incluso  cambiamos nuestro propósito. Cuanto antes lo sepas mejor, en algún momento de tu vida te toparás con ello: es imposible vivir sin provocar en algún momento la desaprobación de los demás.

Como decía el Dr.Wayne Dyer: “La inmunidad ante la desesperación de enfrentarnos con la desaprobación de los demás es como un billete que nos garantiza una vida llena de deliciosos momentos”.

Supongamos que  esta propuesta te  ha parecido interesante,  y decides que vas a ser más auténtico. Pero tanto hemos forzado el impulso auténtico y espontáneo, que ya no sabemos ni lo que nos gusta de verdad y mucho menos quienes somos. Como dice Miriam Subirana:http://elpais.com/elpais/2016/03/17/eps/1458213301_511715.htmlPara ser uno mismo es necesario conocerse y ser consciente de hasta qué punto la imagen que uno tiene de su persona coincide con su yo real y auténtico”.

DOS CLAVES FUNDAMENTALES PARA SER AUTÉNTICO:

ESTAR ATENTO Y SER HUMILDE.

Sí quieres saber quién eres y dónde se encuentra para ti la felicidad, pero estás algo perdido, yo te propongo  dos pasos fundamentales.

 En primer lugar  hay que estar atento. Vivimos como autómatas hasta que un día nos encontramos viviendo una vida que no significa nada para nosotros. “Tengo de todo y me siento infeliz”. Y encima culpable…

Para eso conviene conocerse un poco, y una buena manera es a través  de  la auto observación. (Claro que con la ayuda de un profesional todo es siempre más fácil).

 «El secreto de la felicidad es simple: averigua qué es lo que te gusta y dirige todas tus energías en esa dirección» . Robin S. Sharma

Párate a sentir si ese plan que haces tan a menudo  realmente te divierte, si esa gente con la que sales te gusta, y si ese trabajo, es@ novi@, te hacen sentir realmente bien. La felicidad está  donde uno puede encontrarse cerca de su ser. Vivir ajeno a uno mismo es el camino directo a la depresión. Cuando vienes de “divertirte” y sientes que no te has divertido nada…o lo contrario.  Atrévete a re-conocerte . Esa es la única manera de tener amigos de verdad, pareja , trabajo…, y en definitiva una vida que te guste a ti. Porque vas a ser tu quien tenga que vivir con ese traje.  Como dijo Benjamín Franklin: “Hay tres cosas extremadamente duras: el acero, los diamantes y el conocerse a uno mismo”.

Y en segundo lugar  hay que ser humilde. Tienes defectos, sí. Cuanto antes lo asumas, más feliz. Te equivocas a menudo, sí. Tu intentando superarte y encima luego resulta que la gente perfecta cae peor…

Tienes que dejar de intentar ser quien crees que debes ser, para intentar ser quien simplemente eres. Si te acuerdas claro, o lo has sabido alguna vez…